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lunes, 13 de junio de 2016


Opinión política
UN DESAFÍO MAYOR
Por Camilo Escalona

En el curso de la última semana se concretó el cambio en la Jefatura del gabinete, siendo reemplazado Jorge Burgos por Mario Fernández como ministro del Interior. Con ello, se abre una nueva etapa en la tarea de gobierno, para concluir esta etapa de reformas.
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Como además se notan divergencias en el bloque de la Nueva Mayoría, algunas de ellas, duras y ásperas, referidas a temas principales de la contingencia, como la situación de la economía, el orden público, la aprobación legislativa de la agenda anti delincuencia y la propia marcha de las reformas, ante tales desafíos, se infiere que este debe ser un nuevo periodo en la tarea del gobierno.
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Entonces, ¿cuál será la clave en este periodo? Ante el aumento de las diferencias, la tarea de las tareas no puede ser otra que reponer la unidad de acción del bloque de la Nueva Mayoría y definir en forma definitiva las prioridades gubernamentales.
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Asimismo, hay que tomar conciencia que los trágicos hechos del 21 de mayo pasado, y el incremento de acciones violentas de gran impacto contra parroquias o capillas de la Iglesia Católica en la Araucanía y en la última marcha estudiantil la destrucción en la Iglesia de la Gratitud Nacional y la violación de un Cristo por grupos vandálicos de encapuchados, así como su extensión a un culto evangélico, son expresión de una violencia y una intolerancia inaceptables que afectan una tarea principal de la autoridad de gobierno, cual es  la seguridad y la buena marcha del país. El Ejecutivo tiene en ello un desafío fundamental.
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En cuanto a las asperezas vividas, parte de ellas se originan en los espacios de ambigüedad que se han producido en torno a diferentes decisiones de la autoridad. Es cierto que no se puede estar de acuerdo en todo, ya que por mucho que sea un mismo bloque de partidos, es obvio que no todos van a pensar igual. Más aún, en la complejidad coyuntural la diversidad y el pluralismo es un patrimonio vital para el ejercicio sano y eficaz de la gobernabilidad democrática.
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Sin embargo, diversidad no es lo mismo que desorden ni pluralismo significa confusión; lo que ha pasado es que los vacíos en las definiciones de la conducción política han sido tan significativos que permiten más de una interpretación lo que posibilita que haya quienes actúen de acuerdo a su propio criterio haciendo lo que a cada uno parece mejor. Esto ha creado fuertes tensiones. Por eso, hay que evitar que se desplieguen líneas de acción paralelas y no convergentes. Se necesita cohesión, una línea clara, que sea asumida de conjunto en la Nueva Mayoría.
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Esta necesidad incluye la esencial responsabilidad de la coherencia, cuando una fuerza política asume la condición de gobernante. No importa si ese carácter se adopta como una sola organización mayoritaria o si se actúa, como es el caso, en el marco de un acuerdo, bloque o alianza más amplio, al gobernar se adquiere una calidad política que es unívoca, es decir, no se puede ser gobierno y oposición a la vez. No es válido que los espacios de desacuerdo sean excusa para recurrir "a la presión de la calle" para imponer el criterio particular de cada fuerza.
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Al caer en la tentación de adquirir esa doble personalidad, de situarse como gobierno y oposición a la vez, se transita por una ruta riesgosa ya que esa conducta es fácil de advertir por los demás interlocutores, y se trasluce la idea de querer sacar doble ventaja, de fortalecerse con los beneficios del poder y ganar adeptos y popularidad con la crítica que se recoge de los descontentos.
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La tentación es fuerte porque es fácil agitar las aguas para aparecer en la imagen pública tratando de solucionar todo de una vez, como "el bueno" de la película, pero dañando a las fuerzas aliadas. La tensión y la polémica que resulta de ello es inevitable. De ese modo, lo que se genera al final es una impronta política dispersa y confusa que no suma y es mucho lo que resta.
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Está claro que la gradualidad en la implementación no se puede saltar ni suprimir. El voluntarismo en nada ayuda, sólo aumenta las dificultades. Intentar hacer todo al mismo tiempo puede resultar fatal; la marca de izquierdización que algunos van imponiendo empuja hacia una imposible simultaneidad en la multiplicidad de reformas y tareas a implementar. Esa orientación en lugar de fortalecer al gobierno lo ahoga con demandas que no puede cumplir.
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De esa manera, con espacios abiertos a diversos enfoques, no es posible la claridad que se requiere, ni la firmeza y la cohesión en la conducción que es indispensable y urgente que la Nueva Mayoría debe mostrar al país para reponer su propia autoridad y la confianza de la ciudadanía a su labor gubernativa.
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De modo que la tarea que entregara la Presidenta de la República al nuevo ministro Mario Fernández es, a lo menos, un desafío mayor, ya que su naturaleza traspasa con creces el ámbito administrativo para incluir  la solución de los vacíos de conducción política que han gravitado negativamente a lo largo de este ciclo que termina. Le deseamos suerte y templanza, que las va a requerir.


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