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martes, 27 de enero de 2015

OPINIÓN

CHILE: LA REPRESENTACIÓN POLÍTICA DE LAS  CLASES DOMINANTES


Por Manuel Acuña Asenjo


En estricta teoría, las clases sociales actúan al interior del sistema capitalista mundial (SKM) y, particularmente, dentro del Estado, debidamente representadas por sus partidos. Para la existencia de los partidos en una formación social no existe otra razón que hacerlo en representación del interés político de las clases en cuyo nombre actúan o dicen actuar. Así, las organizaciones políticas que sostienen ser ‘de izquierda’ intentan representar el interés de los vendedores de fuerza o capacidad de trabajo (que son los sectores dominados), en tanto quienes sostienen ser ‘de derecha’ lo hacen buscando defender el interés de los compradores de esa mercancía (que son los sectores dominantes).
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Sin embargo, entre el discurso y la práctica de las organizaciones políticas se abren, a menudo, distancias inconmensurables que hacen diferir a uno de la otra de manera escandalosa: sectores ‘de derecha’ aparecen actuando como si fueran ’de izquierda’ y sectores ‘de izquierda’ aparecen defendiendo los intereses de ‘derecha’. Dicho de otro modo, ‘la derecha’ que debería actuar a favor del empresariado aparece a veces defendiendo el interés de las clases dominadas en tanto ‘la izquierda’ toma bajo su cuidado la administración del interés de las clases dominantes y el cuidado y preservación del Estado.
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El juego político que realizan los partidos siempre va a intentar reemplazar a aquel que realizan las clases sociales en el mundo real. Porque la función del actor político no es otra que sustituir al actor social e invadir la escena política de la nación con un reflejo de lo que es la lucha de clases al interior de los sectores dominantes que, en el fondo, es la única lucha de clases que se da en términos estrictos; la lucha de los sectores dominados por alcanzar mejores condiciones de vida se ha reducido, en verdad, a una lucha por la subsistencia, a una lucha cuyo único objetivo es sobrevivir.
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Por lo mismo, no deja de ser amarga la circunstancia que los sectores dominados enarbolen la bandera de la lucha por la vigencia de los ‘derechos humanos’, que son los derechos mínimos a que puede aspirar un ser vivo para ser considerado miembro de la especie humana. Lo cual explica que, en esa lucha por sobrevivir, estén dispuestos a aceptar cualquier condición que se les imponga. Incluso, a recibir las limosnas que en forma de migajas (bonos) caen de la mesa del Estado (el rico Epulón) a la boca del pobre (Lázaro).
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En uno de mis documentos anteriores sostuvimos que, a partir de la instalación del pacto ‘Nueva Mayoría’ en el mando de la nación, en marzo de 2014, la participación de los actores sociales entraría en receso para dar paso a un proceso dentro del cual aquella sería sustituida  por la verborrea inacabable de actores políticos actuando en la escena política de la nación.
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Nada dijimos acerca de lo que podría suceder acerca de los sectores dominantes a quienes veíamos representados no sin ciertas dificultades por el conglomerado denominado ‘Alianza Por Chile’; suponíamos sí que, en algún momento, pudiese aquel ser sustituido por el pacto ‘Nueva Mayoría’. Para eso, sin embargo, necesitábamos analizar hasta dónde las reformas bacheletistas serían podadas por sus propios mentores en una especie de autoflagelación. O, en el mejor de los casos, esperar a que se produjese un desplome total de la representación natural del sector dominante, lo que parecía un tanto difícil. No imaginábamos lo que sucedería con el llamado ‘caso Penta’.
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Los primeros síntomas en torno a suponer que algo grave sucedía comenzaron cuando el empresariado decidió aparecer en la escena política de la nación actuando directamente y no por intermedio de quienes debían hacerlo en representación suya. A veces, asumía esa labor el presidente de la Cámara Chilena de la Construcción; otras, el propio presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio CPC y, en no pocas oportunidades, el presidente de la Sociedad de Fomento Fabril SOFOFA.  Incluso, hasta se podía advertir una dicotomía entre la actuación directa de la clase empresarial y su representación política natural pues las expresiones y declaraciones de unos no coincidían con las del otro.
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En política, cuando la representación se ejerce normalmente y en propiedad, las clases y fracciones de clase así representadas se mantienen en silencio y se subordinan  a las maniobras que realizan en la escena política quienes actúan en su representación. Sólo cuando aquella se pone en entredicho, cuando existen dudas acerca de si esa representación debe o no ser asumida por determinados partidos, las clases y fracciones de clase comienzan a actuar por sí mismas y, en muchos casos, no vacilan en desconocer la pretendida representación que algunas organizaciones, en nombre suyo, buscan ejercer. Este no es un problema que afecte solamente a las clases dominantes; también sucede por igual en el sector dominado, fenómeno que se manifiesta específicamente al emerger la protesta social.
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Cuando las huelgas de trabajadores se desencadenan, cuando las protestas se hacen sentir en varias regiones del país, en esas manifestaciones está implícito el cuestionamiento a la representación que las organizaciones políticas ‘de izquierda’ pretenden ejercer en nombre de esos sectores en conflicto.
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Las organizaciones patronales pueden, en consecuencia, poner en duda la actuación de su representación natural; en ese caso, para los sectores dominantes se hace necesario que lo hagan directamente sus líderes sociales o corporativos; sin embargo, también pueden aceptar que, en reemplazo de su representación natural lo haga la representación política de las clases dominadas que por esa simple circunstancia pasa a transformarse en ‘representación espuria’ del sector empresarial.
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El momento en que la opinión pública pudo enterarse de los graves conflictos que enfrentaban las clases y fracciones de clase dominantes con su representación política natural fue con ocasión a una entrevista que se le hiciera en el programa ‘Estado Nacional’ a fines de septiembre pasado al empresario Andrés Santa Cruz, presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio CPC. En un momento en que se discutía el rol del dinero en el financiamiento de las campañas políticas, el líder empresarial exclamó:  "hay un desfile de políticos por las empresas para que les donen dinero!”En el momento que expresó Santa Cruz esas palabras, no fueron ellas entendidas en su real dimensión pues, en esa misma oportunidad, inteligentemente, el jefe de los empresarios chilenos denunció, igualmente, el ‘nepotismo’, el sectarismo, el amiguismo y la adscripción a cargos estatales bien remunerados, rasgos que identificaban el proceder de la militancia del pacto ‘Nueva Mayoría’.
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