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miércoles, 26 de noviembre de 2014

HISTORIA DE LA POLÍTICA

CUANDO LOS PRINCIPIOS SON DESECHABLES

Por Enrique Fernández
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Si usted se considera una persona de principios, a partir de ahora los puede desechar cuando lo estime conveniente. “Sólo los burros no cambian de opinión”, según dicen. Por eso los líderes de Renovación Nacional (RN) no quieren pasar a la Historia como burros y modificaron la “Declaración de Principios” del Partido fundado en abril de 1987.

¿Qué es lo que eliminaron de esa declaración? Borraron el siguiente párrafo:

RN destaca el patriotismo y espíritu de servicio de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Orden, cuyo origen y gloriosas tradiciones se identifican con el surgimiento y defensa de la chilenidad a través de toda su historia, incluida su acción libertadora del 11 de Septiembre de 1973, que salvó al país de la inminente amenaza de un totalitarismo irreversible y de la dominación extranjera, culminando así una valiente resistencia civil y recogiendo un clamor popular abrumadoramente mayoritario".

En su reemplazo, la nueva “Declaración de Principios” afirma que las Fuerzas Armadas y de Orden son “obedientes y no deliberantes”. En consecuencia, los líderes de ese partido opositor reunidos en Pucòn se desmarcaron del golpe de Estado que hace 41 años instauró la dictadura del general Augusto Pinochet, a la que la derecha apoyó desde un comienzo. No ocurre lo mismo con la Unión Demócrata Independiente (UDI), cuyos dirigentes tienen una visión “diferente”, según reconoce el senador Juan Antonio Coloma y siguen considerando el golpe militar de 1973 como una “gesta patriótica que liberó a Chile del yugo marxista”.
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En el oficialismo, el Secretario General de Gobierno Álvaro Elizalde se mostró complacido por este “cambio de opinión” de RN, porque, según dijo, ”es algo que debemos valorar”.

¿Se puede valorar una alteración de los principios? O más claro todavía: ¿Se pueden cambiar los principios como quien se cambia un traje? Que lo diga Sergio Onofre Jarpa, uno de los fundadores de Renovación Nacional, que fue Ministro del Interior de Pinochet. O que se pronuncie con claridad Alberto Cardemil, que era Subsecretario de esa cartera cuando la dictadura fue derrotada en el plebiscito del 5 de octubre de 1988.

Es un hecho de la causa que las dos grandes corrientes de la derecha, conservadores y liberales -o “pelucones” y “pipiolos” como se les llamaba en el siglo XIX- han apoyado la interrupción de la democracia con golpes militares para defender sus intereses. Así ocurrió el 21 de octubre de 1969, cuando el general Roberto Viaux intentó alzarse contra el Gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva y se apoderó del regimiento Tacna, en el denominado “Tacnazo”.

Desde la derecha surgieron de inmediato voces de apoyo al general. Pero una vez sofocado el “Tacnazo”, el Presidente habló por cadena nacional de radio y televisión y con palabras serenas pero enérgicas advirtió:

-¡Hay quienes por estos días han dejado estampadas sus huellas digitales, respecto a sus verdaderas posiciones!…

Y no se equivocó.

Eran los tiempos en que la sociedad chilena se dividía en tres tercios. La Democracia Cristiana, entonces partido único de Gobierno, representaba la tercera alternativa frente a las posturas de la derecha y los planteamientos revolucionarios de la izquierda.


Conservadores y liberales propiciaban una economía basada en la iniciativa privada y la libre competencia, sin la intervención del Estado, tal como sucede hoy. Y se oponían a las iniciativas que impulsaba Frei Montalva, como la reforma agraria o la promoción popular, tal como sucede hoy. La izquierda, en cambio, exigía profundizar las reformas, nacionalizar el cobre y entregar al Estado la propiedad de los medios de producción. La DC por su parte, inspirada en el humanismo cristiano de Jacques Maritain, rechazaba la concentración del poder económico en manos privadas. Tampoco aceptaba que el Estado tomara en sus manos las empresas. Proponía, en cambio, un modelo de desarrollo basado en la “propiedad comunitaria”, para que las empresas fueran manejadas por sus trabajadores. Era lo que algunos llamaban la “Vía no Capitalista de Desarrollo”.

¿Qué ocurrió con aquellos principios? Forman parte de la historia de una lucha ideológica que hoy no existe. Hoy prevalecen las estrategias sobre las ideas y desde la derecha asoman señales que invitan a los democristianos a sumarse a la inestable “Alianza por Chile”. La DC, al menos por ahora, es una pieza vital de la Nueva Mayoría junto a socialistas y comunistas, algo que parecía imposible cuando fue oposición frente al Gobierno de Salvador Allende (1970-1973).

Desde hace algún tiempo circula por Internet un artículo atribuido al escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano, donde el autor de “Las venas abiertas de América Latina” explica por qué no se ha comprado un DVD. “Lo que me pasa –admite- es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente”.


“Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura”, advierte, al recordar que antes “todo se guardaba” porque servía: los vasos plásticos, las cajetillas de cigarrillos, las tapas de los refrescos, las hojas Gillete que se usaban como sacapuntas…, el cordón umbilical del primer hijo y el primer diente del segundo…

“Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos”, agrega el artículo. Galeano ha negado hasta ahora ser el autor de estas reflexiones. Pero si usted las encuentra en Internet, guárdelas, no las deseche como si fueran simples principios.

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