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miércoles, 17 de julio de 2013

17.7.2013-KRADIARIO N° 862 
EL CAMINO HACIA LA FELICIDAD
La crónica política del editor

Por Walter Krohne

El Presidente  Sebastián Piñera, en recientes entrevistas periodísticas,  ha defendido su gobierno  entregando una lista de realizaciones,  la mayoría ligadas al sector económico y  centradas fundamentalmente en un  mayor crecimiento del PIB y en la creación de empleos.
Sin embargo, el camino tomado por el Presidente no ha permitido que el chileno, especialmente el de la clase media, se sienta un ciudadano feliz como debiera ser cuando una sociedad comienza a escalar el cerro del desarrollo, como el Gobierno describe el  actual “boom”, tras desafiar a la crisis económica mundial.
El descontento se ve en cada esquina, es masivo y  se aprecia en la agresividad de la gente o en el desgano con que se cumplen las  tareas cotidianas. Todo esto como consecuencia de una frustración socio-económica que está en plena evolución y que puede llegar a terminar en una rebelión social, porque no es posible o, mejor dicho, parece increíble que la mayoría de los trabajadores reciba un salario promedio de $195.000 mensuales (US$ 390), que es más o menos similar a la pensión promedio de los jubilados. ¿Cómo se puede vivir con una suma tan irrisoria que los pensionados la gastan sólo en medicamentos?
No se puede negar que el Gobierno de Piñera ha sido en general un buen Gobierno, pero esta lejos de haber sido lo suficientemente  bueno de acuerdo a las necesidades urgentes que tiene la gente, las familias medias y los trabajadores.  Quienes se han favorecido en estos cuatro años han sido los que más tienen o la población que ha logrado ingresar a las élites disfrutando así de muy buenos sueldos y varias otras regalías.
El gobierno de derecha se ha encerrado en ciertos nichos al no querer moverse ningún ápice de sus planteamientos y principios, en los cuales la influencia de los más conservadores –la UDI- ha sido fatal y  a veces hasta peligrosa.
La población sale a las calles para exigir sus derechos que fundamentalmente son por el momento cuatro: Educación gratuita; salud sin diferencias sociales o económicas,  que sea igual para todos, lo que significa que si el rico puede ser sometido a un  trasplante de corazón porque lo puede pagar, que el más pobre pueda lograr lo mismo con el dinero o apoyo del Estado; un sistema de pensiones con jubilaciones dignas manejado por un organismo estatal y no por los grupos económicos que han convertido este sistema en un vulgar negocio; y cuatro, un salario mínimo de al menos $250.000 con crecimiento anual de acuerdo al alza del costo de la vida o en un porcentaje determinado que funcione en forma automática.
Frente a estos cuatro grandes problemas, en la práctica  no se ha hecho nada o muy poco. Mucho se ha hablado,  pero en el fondo todo sigue igual y seguirá así. Tan igual como el tema de las farmacias que tras varios años en los tribunales seguirían coludidas y poniendo problemas. Condenadas ya las tres cadenas y un laboratorio a una multa de varios millones de pesos por haber “pecado” de colusión,  pagarán  sin dolor porque saben que recuperarán la suma del bolsillo de los mismos usuarios. Igualmente se comprometieron a tomar unas clasecitas de ética que nadie sabe para que puedan servir, porque el tema no es la ética sino el ADN de los conductores de estos negocios.
Las farmacias presionan hoy y juegan con los  bioequivalentes que no reponen y ya escasean, lo que seguirá así  hasta que no se sepa que va a ocurrir en el Congreso con el tema de los precios de las medicamentos o la decisión de venta de productos farmacéuticos en comercios que no son farmacias.
Es que todo se ve en Chile bajo las mismas prismas, la del  negocio y de la ganancia personal o de grupos económicos.
No queremos criticar el balance que hace el Gobierno de su gestión. Sabemos que inauguró su período con uno de los terremotos más devastadores de la historia mundial y que quiere terminar la reconstrucción antes de entregar el poder el próximo 10 de marzo. Sin embargo, la eficiencia que las autoridades han querido destacar en la zona de la tragedia por el terremoto y tsunami, igual en el  caso del rescate de  los 33 mineros, está dentro de los trastornos ordinarios que los países deben afrontar a menudo,  frente a los cuales hay que simplemente asumir. Sin embargo, esta eficiencia no ha sido tal en las labores normales del Gobierno como, por ejemplo, frente al censo a cargo del Instituto Nacional de Estadísticas dependiente del Ministerio de Economía que encabezó Pablo Longueira como ministro, ni tampoco en el Sename con la vida de 9.600 niños a lo largo y ancho de Chile ni con el perdonazo del Servicio de Impuestos Internos en favor de Johnson's-Cencosud, ni tampoco con la Encuesta Casen. Es decir hemos ido de uno a otro escándalo durante todo el período piñerista.
La solución para Chile y su gente es un gran acuerdo nacional que separe del pasado, marcado claramente por el autoritarismo,  de los partidos de derecha e izquierda, de los empresarios y de todas las fuerzas vivas,  para iniciar un escalamiento al cerro en forma de un  “desarrollo integral”  por otros caminos más flexibles y menos economicistas, en los cuales se privilegie la felicidad de la gente, que es más valioso que tener dinero.
Está el cobre para comenzar a financiar la construcción de esta felicidad, pero un cobre bien administrado que sea verdaderamente chileno y no como ocurre actualmente.  Después vendrán otras alternativas de fuentes masivas de ingresos para las cuales habrá que impulsar reformas, también en el campo energético, frente a las cuales tampoco se han dado pasos firmes y reales.
Sería un país maravilloso con una tierra hermosa y gente feliz dispuesta a  empujar el carro siempre hacia arriba…Ciertamente tenemos las condiciones para hacerlo porque somos pocos, sólo 16 millones de habitantes que queremos ser felices.

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