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viernes, 22 de octubre de 2010

Salud y Educación: El nuevo capítulo de un desastre casi total

Por Eugenio Alvial Díaz

Siempre lo hemos dicho e insistimos, en un país acosado por las enfermedades físicas o mentales y con un sistema educacional plano y anquilosado será muy difícil que Chile llegue a ser un país desarrollado, como lo pregonan y anticipan los diversos políticos que han llegado a gobernar.

Pero, ¿cuáles son los inconvenientes y trabas que impiden que se avance en estas materias?

En mayor o menor medida, todos lo sabemos; hoy en día se trata de dos servicios fundamentales e indispensables para la vida de un país, por lo tanto, el potencial de pingües ganancias en dichos servicios, los hacen un manjar muy apetitoso para inversionistas, especuladores y empresarios, por lo que se deduce que son los privados los que quieren adueñarse de estos rubros en cuestión.

En estos casos, en la parte que corresponde a la responsabilidad pública, siempre serán impugnadas por un determinado sector político que representa los intereses particulares, las partidas presupuestarias que están destinadas a estos servicios fiscales, como salud y educación, aduciendo que no se puede subir dicho gasto fiscal.

Y es lógico que así suceda. Los intereses privados necesitan que la calidad del servicio público sea malo o deficiente, para seguir desprestigiándolo hasta su colapso y presentarse como la alternativa salvadora.

Escuchamos a alguien decir en un hospital público: “Señora, no se preocupe, en la clínica X la van atender mejor que aquí y usted no va a tener que pagar nada; su intervención la paga Fonasa”. Es decir, el fisco, por lo tanto, todos los contribuyentes en beneficio de una entidad de lucro, donde una aspirina llega a costar
$ 400.-

Es cierto que los últimos gobiernos han subido de manera importante el presupuesto de Salud, pero no se ha notado en la práctica y este resultado se asemeja, a nuestro parecer, al caso de las reparaciones que sufre un vehículo viejo: se arregla un desperfecto y aparece otro y otro, ¿cuál es la solución?, usted ya la imagina.

Mientras tanto, hay enfermos que mueren en la entrada de las Postas o parturientas que dan a luz en un baño o pacientes que de tanto esperar pacientemente, ya no lo son, ya no están con nosotros.

Ufff!, que alivio, uno menos en la lista, dirán algunos.

En el área de la educación pública, de responsabilidad del Estado también, tenemos una situación sempiterna similar a la salud. Se ha incrementado el presupuesto, pero la mala calidad de la educación fiscal sigue igual o ¿peor?; y cuando hablamos de educación fiscal nos referimos desde el nivel básico al superior.


“Gobernar es educar” es un glorioso lema que aún brilla en el tiempo. Bueno, eran otros tiempos, donde aun no prevalecía la esquizofrénica carrera de las ganancias generosas, fáciles y rápidas; tiempos donde los gobernantes y la sociedad dirigente tenía conceptos claros de ética y responsabilidad cívica.

Está claro que en la actualidad no se ha querido tomar las medidas eficaces para ir solucionando este problema nacional, vital; los intereses económicos particulares son tan grandes que los esfuerzos que puedan hacer algunos ilusos bien intencionados, quedan aplastados.

Vistos los antecedentes, la situación es la siguiente:

- jardines parvularios, constantemente saqueados por drogadictos desesperados, en busca de algo que vender y tener “guita” para el polvillo aliviador

- estudiantes y profesores que tienen que compartir sus espacios con ratones, soportar regueros de lluvia en las salas de clase y servicios higiénicos (paradojal) insalubres, entre otros inconvenientes

- profesores cansados y hastiados por la sobrecarga de trabajo que deben sobrellevar para completar un salario que les permita vivir con alguna dignidad

- estudiantes, que a la mitad de alguna carrera universitaria, se percatan que lo que estudian no tiene oportunidad laboral

- estudiantes, que a la mitad de la carrera que cursan, se les avisa que se han agregado más ramos a la malla, por lo que deberán cursar un año más con el consiguiente beneficio para la institución universitaria.

- Pero, el problema principal está por resolverse, tal vez, en algún momento de la historia; nos referimos a la calidad de la preparación profesional de los educadores y su justa remuneración, una vez en servicio.

Al parecer hay intentos para hacerlo, pero no sabemos si los planes y las medidas son, como muchas, medidas “gatopardezcas”.

Sin embargo, en toda esta problemática expuesta, desde la penumbra está la influencia indudable de aquellos empresarios voraces, ávidos de grandes y rápidas ganancias a bajo costo y que no tienen un ápice de conciencia empresarial social y que son los principales responsables del desprestigio de una actividad tan importante para el país, como es la de empresario.

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