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domingo, 16 de mayo de 2010

PIÑERA ENCABEZA UN GOBIERNO CON DOS FRENTES CRITICOS ¿SALDRA ILESO DE ESTA BATALLA?


Por Walter Krohne


No hay lugar a dudas de que en Chile falta hoy una buena oposición. Lo que tenemos o se ve es más bien un desórden que no permite saber de dónde podrán venir las críticas al Gobierno o, mejor dicho, qué sector le va a levantar a sus proyectos tarjeta amarilla o roja.

Si observamos a la Concertación, no podríamos establecer concienzudamente si está o no cumpliendo con sus nuevas funciones, que no le son absolutamente conocidas desde el punto de vista práctico por haber sido siempre una fuerza gobernante.

Hasta ahora le ha faltado método para coordinar las críticas. Hoy conocemos la posición aislada de distintos parlamentarios, pero falta una voz de conjunto. Al menos no se ve una posición común que permita mejorar el trabajo legislativo, porque lo que se escucha son muchos “cacareos” sin mayor importancia y muy escasa solidez.

Este conglomerado está más preocupado de las elecciones internas en los partidos y de su replanteamiento político global que de hacer aportes decisivos o fundamentales a las iniciativas que involucran cuestiones claves para el futuro mismo del país, como son la reconstrucción y su financiamiento. No se trata de hacer sólo rechazos sin ofrecer alternativas. Y en esta lucha electoral-partidaria se producen nuevos desgastes que pueden tener grietas profundas, que ponen en duda su llegada como conglomerado a un buen puerto. La candidata a la Presidencia del PPD, Carolina Tohá, lo dijo clarito: “Esta coalición como está no nos sirve, tenemos que refundarla”.

Mientras esto ocurre, al Gobierno se le ve enfrascado en su trabajo para ir avanzando con la mayor rapidez posible, ya que de 48 meses que dura su período le quedan 46.

En esta tarea de “acelerador a fondo” busca permanentemente aliados, pero, aunque parezca una fábula, no los encuentra con mucha facilidad, porque también aquí le ha salido gente al camino y de sus propias filas. Es como si se tratara de un Ejército con algunos soldados con ganas de desertar o que aparecen como arrepentidos de haberse involucrado en una batalla tan gigantesca. Son éstos los que hoy dicen:  “Este no parece ser el gobierno de la alianza, es el gobierno de Piñera”.

Estos elementos, que en gobiernos anteriores se denominaron díscolos –hoy quizá se llamarán críticos-, han surgido con mucha más rapidez que en gobiernos anteriores, es decir a sólo dos meses de iniciado el denominado “gobierno del cambio”.

Esta semana tuvimos un bochornoso incidente en la Cámara de Diputados que describió un poco la calidad de representantes que tenemos y, en parte, la clase de oposición. Los participantes en la lucha verbal salieron todos ilesos y abandonaron matonescamente el edificio del Parlamento, con excepción de uno, el ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, que cometió el error de meterse en una pelea de “quiltros”. Su conducta no fue bien evaluada en el Palacio de La Moneda, porque le faltaban sólo horas para convertirse por tercera vez en vicepresidente de la República, cargo para el cual se requiere un político sin lesiones.

El malestar en Palacio fue más bien por la necesidad que tiene el Gobierno de cuidar las relaciones con la oposición concertacionista, porque necesita votos para aprobar los proyectos que envía al Congreso y a veces parece no estar tan seguro de poder contar incondicionalmente con la Alianza. Y justamente, con este propósito, el Presidente ha estado haciendo una serie de gestos a la oposición concertacionista para intentar lograr un clima político más amable en todo lo que queda por delante. Otros dicen, sin embargo, que lo que hace Piñera es una mixtura de gobierno empresarial con ribetes concertacionistas, porque no abandona la idea de tratar de debilitar al conglomerado de centroizquierda con miras a las presidenciales del 2014, porque cuatro años son muy pocos para una alianza "que pretende cambiar el país".

Así, está intentando sacar adelante todo lo que la Concertación no hizo o no pudo hacer en veinte años como: Subir los impuestos a los empresarios, mejorar el royalty minero, aumento de las contribuciones para las propiedades con avalúo fiscal alto, bajar el nivel de criminalidad con una nueva estructura de seguridad, implantar una política que mejore el sistema educacional, la inscripción electoral automática, el voto voluntario, el derecho a voto de los chilenos en el extranjero (muy criticado), reforma del servicio electoral, creación de una Agencia Nacional para Catástrofes en reemplazo de la ONEMI, creación de un Sernac para el sector financiero, entre otros proyectos.

“Las reformas electorales están destinadas a mejorar la calidad de la democracia y a aumentar la participación electoral”, aclaró la portavoz gubernamental, ministra Ena von Baer, aunque no dijo nada sobre una reforma del sistema binominal, cuya modificación o cambio sólo parece interesarle a los comunistas, porque tanto el oficialismo como la Concertación se han benficiado de este sistema.

Sin embargo, el problema más grave que puede tener Piñera es el de “los críticos” de la UDI o el círculo de Hernán Büchi o del Instituto Libertad y Desarrollo que son opositores tenaces al incremento de los impuestos, porque, como dice Büchi, siempre estos tributos son traspasados al consumidor.

Como se ve, es una batalla con dos frentes que Piñera políticamente deberá atender, negociar y satisfacer para así poder seguir adelante sin trizaduras ni golpes fuertes.  Estos son los gestos políticos que él parece saber hacer, porque su estilo consiste en negociarlo todo, pero al final  quien dice la última palabra es sólo él. Ya lo vimos con esto de la "depreciación acelerada" que no la incluyó en el proycto de financiamiento de la reconstrucción, a pesar de haberlo acordado antes con la UDI. Con esta estrategia logró dos cosas: 1.- Anuló la amenaza concertacionista de rechazo del proyecto y, 2.- Aplacó las molestias de la UDI con la promesa de una pronta agenda procrecimiento que acogerá los  intereses gremialistas. Así dejó muy en claro que los proyectos se diseñan para ser aprobados y no para exponerlos a un rechazo.

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